Radio Nacional de España




domingo, 6 de mayo de 2007

Los medios de comunicación bajo el fuego de la crítica: ficción y realidad en situaciones de guerra

Revista Internacional de la Cruz Roja por Christiane Eilders

En este artículo, se pasa revista a recientes observaciones sobre la calidad de las coberturas sobre la guerra, las condiciones en que se realizan, las políticas de información de las partes beligerantes y sus efectos. Basándose en la cobertura mediática alemana sobre la Guerra del Golfo de 1991, la guerra de Kosovo y la guerra de Irak en 2003, la autora examina tanto las deficiencias características de las coberturas sobre la guerra, así como las mejoras que se han logrado recientemente. Además, analiza las estrategias de control de la información y propone normas para la cobertura sobre la guerra.


En respuesta a las críticas de que fue objeto la cobertura mediática de la Guerra del Golfo de 1991, el jefe de redacción de uno de los principales diarios regionales de Alemania respondió lacónicamente: "No lo hicimos mucho peor que de costumbre" [1]. Esta respuesta se sitúa entre la resignación y la suficiencia, y dice mucho acerca de la distancia entre la idea y la realidad de la cobertura de la guerra. Algunos periodistas, como ese jefe de redacción, consideran que, de todos modos, aspirar a la verdad es una batalla perdida. El público no opina así.

Crisis de credibilidad de la cobertura de la guerra

Según muchos observadores, la cobertura realizada en Alemania sobre la Guerra del Golfo de 1991 sumió a los medios de comunicación en una grave crisis de credibilidad, a causa de numerosos casos de información errónea y al tratamiento carente de crítica que se hizo de las fuentes de información [2]. La cobertura de la guerra en Kosovo, igualmente carente de sentido crítico, profundizó la crisis y mostró la falta de capacidad de aprendizaje de los medios de comunicación [3]. En otros países, los medios también habían sido objeto de severas críticas por su cobertura de la guerra incluso antes de la guerra de Irak en 2003 [4], pero los observadores alemanes se mostraron especialmente firmes y francos en sus comentarios adversos sobre el desempeño de los medios. Así pues, Alemania es un buen ejemplo de cómo se percibe el problema.

En varios estudios sobre la cobertura alemana de la guerra en Kosovo [5], se acusó a los medios de haber publicado, sin previo examen minucioso, declaraciones e informaciones que, en parte, eran sistemáticamente erróneas, proporcionadas por miembros del sector político y de las fuerzas armadas. También se criticó que los medios no hubieran prestado atención a la controvertida cuestión de la legitimidad de la guerra. Mi propio análisis del contenido de los editoriales en los periódicos alemanes de primera línea confirmó que no hubo debate sobre la legitimidad y la conveniencia política de la misión militar [6]. Las opiniones vertidas no mostraban grandes variaciones, lo que reflejaba el consenso parlamentario general en torno de la aprobación de la guerra. Casi no se expresaban percepciones alternativas que pusieran en tela de juicio el carácter presuntamente inevitable de la misión. En su discurso, los medios se concentraron en los aspectos estratégicos de la guerra, y no plantearon cuestiones relativas a la legitimidad y a las consecuencias adversas de la intervención militar.

Lecciones de la guerra de Irak de 2003, y sus limitaciones

Después de otra guerra más en el Golfo (la región también fue escenario de la guerra entre Irán e Irak, librada de 1980 a 1988), la cobertura mediática alemana ha cambiado. Aunque determinar la verdad sigue siendo un desafío constante, ahora hay más probabilidades de que ese desafío se dé a conocer en el marco de la cobertura. El hecho de plantear el asunto de las condiciones de trabajo, de la censura y de los posibles intereses que subyacen a determinada información refuerza la credibilidad de la cobertura de la guerra; al mismo tiempo, el cuestionamiento de la información se ha transformado en una parte principal de la cobertura [7].

Durante un debate en panel, en el que participaban representantes de alto nivel de los principales medios alemanes, realizado en los primeros días de la guerra de Irak, los participantes demostraron estar muy satisfechos con su propio desempeño. Todos estaban convencidos de haber tratado la información en forma crítica, de manera extraordinaria, y de haber advertido pertinentemente al público que no se contaba con información comprobada. Los participantes se mostraron muy satisfechos consigo mismos y casi pudo oírse un suspiro de alivio, porque esta vez, la cobertura había salido airosa de un examen muy minucioso. De este modo, se repararon las importantes fallas que exhibieron tanto la cobertura mediática de la Guerra del Golfo de 1991 como, en particular, la de la guerra en Kosovo. Aparentemente, los medios habían aprendido a exponer, sin retaceos, los problemas de la información y de las fuentes de información. En caso de duda, ofrecían dos versiones de la verdad, sin omitir mencionar los intereses detrás de cada una.

En su deliberado intento por mejorar su desempeño durante la cobertura de la guerra de Irak, los medios también informaron sobre sí mismos. Además de sus informes sobre la guerra en sí, y en parte reemplazándolos, los medios informaban sobre sus condiciones de trabajo, su escepticismo en relación con ciertas fuentes de información, y la dificultad de obtener información correcta [8]. Por ende, durante la guerra en Irak observamos, entre otras cosas, un inédito nivel de introspección en los medios. En efecto, una encuesta sobre la cobertura televisiva revela que el 11% de los informes no se centra en la guerra o en los daños colaterales, sino en el cometido de los medios y la propaganda [9].

Además, en la misma encuesta se destacaron varias novedades positivas en la calidad de la cobertura de la guerra. Después de todo, cuando se habla de la capacidad de aprendizaje de los medios, el factor decisivo es la calidad de la cobertura. Así pues, en la cobertura de la guerra en Irak se usaron numerosas fuentes de información, incluidos tanto las partes beligerantes como los Estados limítrofes. En contraste, durante la Guerra del Golfo de 1991, la fuente predominante fue CNN. Esto demuestra que los medios sospechaban que algunas fuentes eran vehículos de propaganda y, en cada caso, estaban ansiosos por neutralizar esa información tendenciosa. Casi uno de cada diez informes se refería a la credibilidad de la fuente. Si se considera que gran parte de la cobertura contiene comentarios sobre conjeturas e incertidumbres, es evidente que se ha producido un cambio radical. Por ejemplo, el 80% de los comentarios de la presentadora Anne Will consistían en hipótesis y especulaciones sobre los factores subyacentes [10]. Contrariamente a lo que suele pensarse, ese enfoque de ningún modo indica una práctica periodística deficiente. El franco escepticismo sobre las fuentes de información refleja, sobre todo, la nueva calidad del periodismo de guerra.

Al comparar la cobertura alemana de las guerras en Kosovo e Irak, es necesario señalar otra diferencia. En líneas generales, los medios habían apoyado la guerra en Kosovo, pero reprobaron duramente la de Irak, cuya legitimidad fue ampliamente cuestionada entre los medios de comunicación alemanes. Los medios incluso adoptaron un tono moralizador y prestaron especial atención a las víctimas entre la población civil. El número de civiles muertos anunciado por el canal de televisión alemán ARD era aproximadamente el doble del que anunció el programa estadounidense ABC [11]. Los defensores de la guerra atacaban a ARD por rehusarse ingenuamente a ver la represión que reinaba en el régimen iraquí.

Sin embargo, esta nueva actitud crítica de los medios alemanes no puede atribuirse a una repentina popularización del pacifismo en Alemania, sino que refleja un mecanismo denominado la "teoría de la indexación" [12]. Dicha teoría postula que la autonomía de los medios es limitada, y que la cobertura de las guerras que realizan los medios se corresponde con la distribución de las opiniones en los parlamentos. Si un parlamento apoya unánimemente la guerra (como en el caso de la guerra en Kosovo), los medios también la apoyan. Si existe un consenso, no se expresan opiniones críticas y desaparecen las clásicas divisiones entre los medios de derecha y de izquierda. Si, por el contrario, un parlamento vota, al menos parcialmente, en contra de una guerra, como en el caso de la guerra en Irak, los medios también expresarán opiniones críticas [13]. Así pues, el consenso parlamentario se refleja en la opinión de los medios. De esto se desprende que el sistema mediático carece de la base fundamental que le permitiría desempeñar funciones de vigilancia y de crítica.

Estrategias de control de la información

Aunque es posible que los medios carezcan de autonomía y tiendan a seguir el consenso parlamentario, las partes beligerantes no pueden confiar en que los medios exhiban, automáticamente, una actitud de apoyo. Huelga decir que desarrollan en forma constante nuevas estrategias de control de la información, a fin de asegurarse de que los medios no socaven sus opiniones. Para las partes beligerantes, la percepción de la opinión pública acerca de los objetivos de la guerra y de la guerra en sí, es decir, la opinión pública sobre la guerra, es un recurso existencial) de la guerra moderna. En la actualidad, no puede emprenderse una guerra sin apoyo de la opinión pública. Cuanto menos Estados Unidos se apoyaba en sus aliados durante la intervención en Irak, tanto más procuraba convencer a su propio público de la necesidad de esa guerra [14]. Al hacerlo, la cobertura de los medios desempeña un papel decisivo. La opinión pública no sólo se expresa en los medios, sino que se produce y regula a través de ellos. Cuando se mantiene bajo control la cobertura mediática, es posible inclinar al público hacia la aprobación o el rechazo de la guerra.

Los círculos militares adujeron que la retirada de Estados Unidos de Vietnam se debió al hecho de que la cobertura mediática no se controló con suficiente rigor. El hecho de que el público estadounidense retirara su apoyo al Gobierno con respecto a la guerra se achacó a las imágenes de las víctimas civiles, de la inhumanidad de la guerra y de las víctimas estadounidenses. Aunque este razonamiento no puede comprobarse científicamente [15], condujo a un manejo muy creativo de nuevas formas de censura por parte de los militares [16].

Hace poco, se observó un importante cambio en la estrategia de Estados Unidos en materia de comunicación en tiempo de guerra [17]. Las medidas de política exterior, generalmente conocidas, de la "diplomacia pública" han sido reemplazadas por "operaciones de información" de origen militar. El ejército de Estados Unidos ha comenzado a considerar la información un aspecto militar de por sí, ahora que numerosos conflictos armados han demostrado que la superioridad militar ya no puede traducirse directamente en superioridad política. La denominada doctrina de la información, de 1998, finalmente hizo de la información una de las máximas prioridades de todas las acciones militares. Los instrumentos militares y mediáticos se combinaron en el término genérico "operaciones de información".

El concepto de la guerra electrónica basada en la alta tecnología ahora incluye también la seguridad de la información, las relaciones públicas y el control de la percepción, así como instrumentos de diplomacia pública. La idea es modificar las percepciones entre las elites, los militares y los civiles, y hacerles comprender que, más que en el campo de batalla, la guerra se libra en las mentes de la gente. Actualmente, se supone que la información protege otros recursos militares.

La consiguiente gestión militar de la información se relaciona con los interesados nacionales o extranjeros del sector político o social, o con las partes beligerantes. Los objetivos más importantes son la legitimación, la disuasión y el camuflaje. Para alcanzar esos objetivos, se adoptan diferentes enfoques: además de asegurar la propia cadena de información y de mando, el control y la selección de las corrientes de información se consideran factores decisivos para la superioridad militar durante la guerra y en tiempo de paz. La perturbación de los procesos de información de la parte opositora, a través de la sobrecarga de información, se considera tan importante como el engaño sistemático y la multiplicación de las fuerzas a través de la comunicación. Para todas esas estrategias, se usan los medios de comunicación masas: los periodistas adscritos, la planificación y la ejecución de campañas mediáticas sobre cuestiones militares y la construcción de emisoras de televisión militares son sólo unos pocos ejemplos de ese uso.

Las nuevas estrategias han demostrado ser exitosas, al menos a corto plazo. Por ejemplo, durante la guerra de Irak en 2003, el ejército de Estados Unidos tomó sólo una décima parte de los prisioneros capturados durante la Guerra del Golfo de 1991, porque esta vez, muchos soldados iraquíes se abstuvieron de participar en las hostilidades. Sin embargo, Szukala también demuestra que el control exitoso de las relaciones intensificadas y sistematizadas con los medios da lugar, al menos a largo plazo, al problema de la "creciente brecha en la credibilidad" [18].

La estrategia del periodismo adscrito

El método de "adscribir" periodistas a las unidades militares de los aliados es una de las nuevas estrategias que el Gobierno de Estados Unidos emplea para controlar la información. Esta estrategia había llamado poderosamente la atención incluso antes de su aplicación. Reemplazó al sistema de concentración de recursos adoptado desde la guerra de Vietnam y utilizado principalmente durante la Guerra del Golfo en 1991. En dicho sistema, los periodistas trabajaban en grupos encabezados por militares, la cobertura mediática estaba sujeta a censura y no se permitía el acceso a los combates en sí; pero en la estrategia de la adscripción, los periodistas están in situ con las tropas y pueden informar de un modo relativamente irrestricto [19].

Esta nueva forma de periodismo sólo fue posible gracias a los nuevos sistemas de transferencia digital, que permiten transmitir informes de guerra en tiempo real. La intención calculada de los militares era fortalecer la credibilidad de los periodistas, permitiéndoles estar en el escenario de las hostilidades, y al mismo tiempo, potenciar la fuerza disuasiva de las modernas armas estadounidenses y la impresión de invulnerabilidad de sus fuerzas armadas. Las imágenes tomadas por los periodistas adscritos abundaban en armas. La misma presencia de los periodistas civiles atestiguaba la invulnerabilidad del ejército. Estar entre las tropas era estar en un lugar seguro.

La estrategia de la adscripción ha dado lugar a muchas críticas, sobre todo entre los propios periodistas. Sin embargo, puede demostrarse que la actitud crítica depende de la participación efectiva en las hostilidades o del grado de apoyo a las fuerzas estadounidenses en la Guerra del Golfo [20]. Un estudio de la cobertura de la prensa escrita alemana y estadounidense indica que la evaluación de la estrategia del periodismo incorporado realizada por los medios alemanes era más crítica, y que cuanto más se aproximaba un medio a la izquierda del espectro político, tanto más crítica era su visión del periodismo adscrito. Esto revela la fuerte polarización nacional y política de la cobertura de la guerra, incluso cuando no se trata de informar sobre los acontecimientos sino sólo de comentar sobre el papel de los medios en esa cobertura.

Entre tanto, las fuerzas armadas estadounidenses ya no están tan satisfechas con la nueva estrategia. El público se ha enterado, con demasiada frecuencia, sobre las demoras que se producían en la llegada de los suministros y sobre las divisiones estimuladas por drogas. Inicialmente, los periodistas estadounidenses estaban absolutamente a favor de la incorporación; les complacía que hubiera terminado la política de información restringida aplicada en la guerra en Afganistán. Más adelante, se expresaron dudas con respecto a los posibles efectos de la solidaridad y sus consecuentes repercusiones en la cobertura, así como sobre la trivialización de la guerra, a raíz de su transformación en una especie de "entretenimiento militar".

Información a través de emisoras árabes de TV satelital

La creciente atención que se presta a las recientes operaciones de información montadas por Estados Unidos tiene un paralelo en la atenta observación de Al Yazira, el canal árabe de televisión satelital. Su ubicua presencia durante la guerra de Irak también generó un interés científico en las condiciones generales de la producción mediática en el mundo árabe.

El surgimiento, en el mundo árabe, de canales de televisión satelital con influencia internacional y con cierto grado de independencia política condujo a un cambio estructural en el comercio mundial de noticias televisivas, que anteriormente era, en gran medida, monopolio de Reuters, BBC, AP y CNN. Hahn postula que, sobre todo en Al Yazira, puede observarse una "tendencia a la politización extrema, la polarización, la personalización y la invocación a las emociones", sumada a una orientación cultural proárabe [21]. Pero en este sentido, los canales árabes no se diferencian de los estadounidenses CNN y FOX News. Sus programas también están imbuidos de una mezcla de periodismo y patriotismo, pero desde el polo opuesto.

Como muestra el análisis de su historia y su estructura, los canales satelitales de Oriente Próximo toman elementos de diferentes culturas periodísticas. Por un lado, siguen los ideales de objetividad de la tradición periodística angloamericana. Al Yazira incluso respondió a las críticas occidentales de su cobertura mediática adoptando un código de ética. Dado que el canal Al Yazira no está dispuesto a comprometerse abiertamente con la causa panárabe, no se le permite incorporarse en la Unión de Radiodifusión de los Estados Árabes. Los otros canales de televisión tampoco pueden simplemente identificarse con las tradiciones de los servicios de radiodifusión nacionales, que son comunes a la región. Por lo demás, todas las emisoras de televisión de la región, a pesar de su independencia jurídica, todavía dependen económicamente, en gran medida, del respectivo jefe de Estado o de los poderes informales de turno. Además, en Al Yazira y en Abu-Dhabi TV, los jefes de Estado actúan como miembros fundadores. De ahí que esos canales ofrezcan escasa información sobre los asuntos internos de sus respectivos países de origen.

Cabría esperar que las nuevas emisoras árabes de TV satelital ofreciesen mayor variedad de opiniones de Oriente Próximo y de fuentes de cobertura de los conflictos. Sin embargo, su aporte al mejoramiento de la calidad analítica de la cobertura mediática es reducido, en parte también porque los canales de televisión occidentales, a menudo, sólo muestran imágenes fuera de contexto. Los efectos de esos canales de TV árabes se analizan principalmente en función de su recepción por los medios en otras partes del mundo, sobre todo en los países industrializados. En contraste, la fuerza impulsora de Al Yazira, o de emisoras similares, en el proceso de democratización y secularización que se desarrolla en esa región es, en el mediano plazo y como máximo, tan sólo marginal.

Efectos de la cobertura mediática de la guerra

A pesar de los considerables conocimientos sobre la calidad general de la cobertura de las guerras y la tendencia política o nacional de algunos medios, y aunque la política informativa de las partes beligerantes y de los sistemas de medios conexos han sido objeto de cierta atención en los últimos tiempos, es muy poco lo que se sabe acerca de los posibles efectos de la cobertura de las guerras, es decir, las repercusiones sobre el público o la audiencia de los medios, y sobre el sistema político.

La influencia de la cobertura de la guerra en el público en general puede verse en el efecto de auge del patriotismo. Varios estudios indican que, en tiempo de guerra, crece la popularidad de los líderes políticos y militares. Este efecto se atribuye al apoyo que les brinda la cobertura mediática en esos momentos. Sin embargo, el apoyo público no continúa en el largo plazo, sino que, después de unos meses, declina hasta llegar al nivel que tenía en la fase prebélica [22].

Con respecto a los efectos de la cobertura de la guerra en el sistema político, tal vez el principal sea el denominado "efecto CNN". Este término significa la concentración de la atención no sólo por el canal de noticias estadounidense sino por los medios en general. Inicialmente, se utilizaba sólo en relación con los desastres de índole humanitaria, pero hoy, casi todas las posibles influencias que derivan de la cobertura de la guerra quedan subsumidas en el mismo término [23]. Esta amplitud, así como la presunción de un impacto directo de los medios en la política, son aspectos muy controvertidos. En efecto, los críticos admiten que los medios desempeñan un papel importante en el proceso de la guerra, pero limitan ese papel a las preocupaciones de naturaleza humanitaria. Así pues, los medios todavía carecen de poder suficiente para poner fin a un estado de guerra [24].

Una diferenciación actual comprende tres efectos más de la cobertura de la guerra, que pueden identificarse en casi todos los tipos de crisis internacional [25]: la aceleración de la adopción de decisiones en el sistema político, que se realiza a través de la cobertura mediática global y simultánea; la imposibilidad o la dificultad de alcanzar los objetivos políticos, por ejemplo debido a los efectos de la cobertura mediática emocional en la opinión pública, o la divulgación de operaciones militares secretas; y, en última instancia, un proceso de elaboración de agendas en el marco del sistema de adopción de decisiones políticas. Los partidarios de este concepto descubren que las agendas políticas reflejan el contenido de las noticias.

Aunque en esta breve reseña se demuestra que ya se cuenta con algunos hallazgos interesantes sobre los efectos de los medios de información en las guerras, apenas se ha comenzado a investigar y analizar las repercusiones de los medios en las políticas relativas a la guerra [26]. Debido a la importancia cada vez mayor de los medios como instrumentos útiles para los diferentes protagonistas, la cobertura mediática de la guerra y sus repercusiones son objeto de creciente atención entre los estudiosos de la comunicación. Por ende, cabe esperar que se siga estudiando el cometido de los medios en las guerras. Sin embargo, queda mucho por hacer antes de llegar a comprender mejor su cometido en las guerras modernas. Uno de los problemas principales es la falta de una teoría general conjunta en materia de investigación, que permita unificar los enfoques divergentes aplicados en los diferentes campos de investigación en las ciencias sociales y en los distintos estudios de casos.

Normas para la cobertura de la guerra y el cometido de los medios de comunicación

Aunque nuestra imagen de la cobertura de la guerra y del papel de los medios en las guerras modernas dista de ser completa, no cabe duda de que las normas previstas para los medios tienen un papel decisivo en la evaluación de la cobertura de los conflictos armados. ¿Cuáles son, en la práctica, las funciones inherentes de la cobertura de la guerra? ¿Cuáles son las normas que han de establecerse para una cobertura mediática apropiada? ¿Puede esperarse que los medios contribuyan a la paz? Según la teoría democrática, los medios deberían, incluso en tiempo de guerra, permitir a los ciudadanos evaluar políticamente la guerra, su justificación o legitimidad, y sus consecuencias; en otras palabras, someter la guerra al control democrático. Las condiciones previas para la gestión democrática, incluso en tiempo de guerra, son la información amplia y correcta, y la cobertura mediática independiente y neutral. Las preferencias de la política pública, sobre las que se basan las decisiones democráticas, pueden ser informadas, fundadas y auténticas sólo cuando se analiza toda la gama de información e ideas con que se cuenta, y cuando el discurso también expone problemas y señala factores que podrían menoscabar o excluir la legitimidad.

Más allá de estas normas profesionales comunes, hay dos funciones en particular que son importantes pero que se olvidan a menudo. Dada la complejidad de las guerras modernas, la información basada en los hechos no es suficiente para que el público pueda formarse una idea. Por ende, se espera que los medios interpreten y evalúen detalladamente los acontecimientos. De ese modo, pueden dar sentido y pertinencia a la maraña de datos, siempre nuevos, que proporciona el periodismo "en simultáneo", y ayudar a orientar al público.

Otra tarea bastante obvia, que, sin embargo, es de capital importancia, es llamar la atención del público sobre la guerra. La presión sobre los políticos, instándolos a entrar en acción, aumenta sólo si la atención de los medios se concentra en acontecimientos graves como la guerra. De otro modo, considerando que muchas guerras se encuentran por debajo del umbral de atención del público de los medios, sólo cabrá esperar iniciativas políticas escasas y de poca importancia. Evidentemente, los medios no pueden ocuparse de todas las guerras al mismo tiempo. Sin embargo, han de saber la enorme responsabilidad que esa selectividad implica.

En muchos casos, se espera que los medios contribuyan al proceso de paz, sea en forma casi automática, a través de su cobertura ordinaria, o con deliberación, como un elemento más o menos influyente comprometido con la restauración de la paz. En el debate científico, no hay acuerdo sobre si una reproducción completa de la realidad, con cada uno de sus detalles, es, por sí misma, favorable para la paz, o si solamente los llamamientos activos al cambio pueden verdaderamente contribuir a la paz, como sostienen algunos partidarios del periodismo para la paz, o incluso si realmente conviene que los medios adopten una postura partidaria, inclusive si se trata de la paz o de otros valores universales. La pregunta de si los medios deben embarcarse en campañas activas en pro de la paz o actuar como cronistas neutrales de los sucesos es incluso más difícil de responder, dado que, a menudo, dos valores universales son incompatibles entre sí. Con respecto a la última guerra en Irak, esos valores han sido, por ejemplo, los derechos humanos y la paz. La imagen que tienen los periodistas de sí mismos, incluso los corresponsales de guerra, es más la del modelo del mediador neutral que la de un partidario del periodismo de la paz.

Por lo que respecta al posible cometido de los medios como pacificadores, incluso el cumplimiento con las normas profesionales de la cobertura mediática puede considerarse como una contribución sustancial, dentro de los límites del cometido de los medios independientes como instituciones de advertencia. En ese contexto, el mandato de la pluralidad es fundamental. La posibilidad de considerar diferentes opiniones es precisamente lo que proporciona la base para establecer y mantener la paz. Según la Declaración de la UNESCO, de 1978, sobre la contribución de los medios: "El fortalecimiento de la paz y de la comprensión internacional, la promoción de los derechos humanos, la lucha contra el racismo, el apartheid y la incitación a la guerra exigen una circulación libre y una difusión más amplia y equilibrada de la información. Para este fin, los órganos de información deben aportar una contribución primordial, contribución que será más eficaz si la información refleja los diferentes aspectos del asunto examinado." A fin de concretar esa contribución, la función principal de los medios en tiempo de guerra parece ser la de presentar y publicar todos los puntos de vista. Esta sencilla obligación plantea, en sí misma, importantes dificultades en el contexto de los conflictos armados.

Notas
[1] Siegfried Weischenberg, “Zwischen Zensur und Verantwortung: Wie Journalisten (Kriege) konstruieren”, en Martin Löff elholz (ed.), Krieg als Medienereignis: Grundlagen und Perspektiven der Krisenkommunikation, Westdeutscher Verlag: Opladen, 1993, pp. 65–80, en p. 78 (cita del jefe de redacción del periódico Stuttgarter Zeitung).

[2] Udo Michael Krüger, “Der Irak-Krieg im deutschen Fernsehen: Berichterstattung in ARD/Das Erste, ZDF, RTL und SAT. 1”, Media Perspektiven, 9/2003, pp. 398-413, en p. 398; Weischenberg, op. cit. (nota 1), p. 79.

[3] Ulrich Albrecht/Jörg Becker (eds.), Medien zwischen Krieg und Frieden, Nomos, Baden-Baden, 2002 (principalmente, pp. 64–122); Martin Löffelholz, “Neue Schlachtfelder — alter Journalismus? Bedingungen und Konsequenzen der Kriegskommunikation im Zeitalter globaler Public Relations”, pp. 27–36, p. 32 y Hermann Meyn, “Aus Fehlern gelernt? Kriegsberichterstattung als Herausforderung des Journalismus und seiner Ethik”, pp. 105–113, en p. 110, ambos en Deutsche Welle (ed.): “Sagt die Wahrheit: Die bringen uns um!” Zur Rolle der Medien in Krisen und Kriegen, Vistas, Colonia, 2001.

[4] V. la edición especial de European Journal of Communication, (3) 2000.

[5] V., p.ej., Ulrich Albrecht/Jörg Becker, op. cit. (nota 3).

[6] Christiane Eilders/Albrecht Lüter, “Germany at war: Competing framing strategies in German public discourse”, European Journal of Communication, vol. 15 (3) 2000, pp. 415–428; Christiane Eilders/Albrecht Lüter, “Gab es eine Gegenöffentlichkeit während des Kosovo-Krieges? Eine vergleichende Analyse der Deutungsrahmen im deutschen Mediendiskurs”, en Ulrich Albrecht/Jörg Becker, op. cit. (nota 3), pp. 103–122.

[7] Udo Michael Krüger, op. cit. (nota 2), p. 412.

[8] Andrea Szukala, “Medien und öffentliche Meinung im Irakkrieg”, Politik und Zeitgeschichte, B24-25/2003, pp. 25–34, p. 25.

[9] Michael Krüger, op. cit. (nota 2), p. 412.

[10] Andrea Szukala, op. cit. (nota 8), p. 25.

[11] Ibíd., p. 29.

[12] W. Lance Bennett, “Toward a theory of press-state relations in the United States”, Journal of Communication, vol. 40 (2) 1990, pp. 103–125.

[13] Christiane Eilders/Albrecht Lüter, “Germany at war”, op. cit. (nota 6); Adrian Pohr, “Indexing im Einsatz: Eine Inhaltsanalyse der Kommentare überregionaler Tageszeitungen in Deutschland zum Afghanistankrieg 2001”, Themenheft Medien & Kommunikationswissenschat, 2005/2-3, pp. 261-276.

[14] Andrea Szukala, op. cit. (nota 8).

[15] Daniel C. Hallin, “The media, the war in Vietnam, and political support: A critique of the thesis of an oppositional media”, en Daniel Hallin, We Keep America on Top of the World: Television Journalism and the Public Sphere, Routledge, Londres, Nueva York, 1994, pp. 40–57.

[16] Gunther Schrader, “Zensur und Desinformation in Kriegen”, en Ulrich Albrecht/Jörg Becker (eds.), op. cit. (nota 3), pp. 45–54.

[17] Andrea Szukala, “Informationsoperationen und die Fusion militärischer und medialer Instrumente in den USA: Der Versuch einer militärischen Antwort auf die neuen Bedrohungen”, Themenheft Medien & Kommunikationswissenschaft, 2005/2-3, pp. 222-240.

[18] Ibíd.

[19] Andrea Szukula, op. cit. (nota 8).

[20] Wolgang Donsbach/Olaf Jandura/Diana Müller, “Kriegsberichterstatter oder willfährige Propagandisten? Wie deutsche und amerikanische Printmedien die “Embedded Journalists” im Irak-Krieg sahen”, Themenheft Medien & Kommunikationswissenschaft , 2005/2-3, pp. 298–313.

[21] Olivier Hahn, “Arabisches Satelliten-Nachrichtenfernsehen: Entwicklungsgeschichte, Strukturen und die Folgen für die Konfliktberichterstattung aus dem Nahen und Mittleren Osten”, Themenheft Medien & Kommunikationswissenschaft , 2005/2-3, pp. 241–260.

[22] Evelyn Bytzek, “Kosovokrieg, Kriegsberichterstattung und die Popularität der deutschen Regierungsparteien und -politiker”, Themenheft Medien & Kommunikationswissenschaft , 2005/2-3, pp. 369-388.

[23] Eytan Gilboa, “The CNN effect: The search for a communication theory of international relations”, in Political Communication, nº 22, 2005, pp. 27-44; Steven Livingston, “Clarifying the CNN effect: An examination of media effects according to type of military intervention”, The Joan Shorenstein Center, Research Paper R-18, 1997; Piers Robinson, “Theorizing the influence of media on world politics: Models of media influence on foreign policy”, European Journal of Communication, vol. 16 (4) 2001, pp. 523-544.

[24] Eytan Gilboa, Media and Conflict: Framing Issues, Making Policy, Shaping Opinion, Transnational, Ardsley Nueva York, 2002.

[25] Steven Livingston, op. cit. (nota 23).

[26] Christiane Eilders/Lutz M. Hagen, “Kriegsberichterstattung als Thema kommunikationswissenschaft licher Forschung. Ein Überblick zum Forschungsstand und zu den Beiträgen in diesem Themenheft ”, Themenheft Medien & Kommunikationswissenschaft, 2005/2-3, pp. 205–221.


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